El juego con el que se conocían tus abuelos. Ochenta y tres años después, sigue acertando.
Un juego para descubrir cómo eres en realidad. Y, sobre todo, para descubrir cómo son los demás.
En 1943, en una España de sombrero de domingo y cacería el viernes, se publicó en Barcelona un librito con veinticinco preguntas tontas. Lo firmaba un tal S. Klauser. Trece ediciones, dieciséis años, y nadie llegó a saber nunca su nombre completo.
Tus abuelos lo usaban en las meriendas y en las pandillas para averiguar cómo eran sus amigos, sus enemigos y esa persona que les gustaba y no se atrevían a mirar de frente.
La gracia no estaba en tu resultado.
Estaba en esperar el de ella. En saber, por fin, cómo era de verdad.
Y lo raro es que sigue acertando. Contesta sin pensar y verás.
Aquí no hemos tocado una coma. Los textos son los de 1943, con su moral, su paternalismo y su humor involuntario intactos. Nosotros solo sostenemos el espejo.
Léelas. El juego es sencillo, pero si te las saltas el retrato no saldrá.
Veinticinco preguntas, repartidas en cinco grupos de cinco. Se contesta SÍ o NO. No hay término medio, y no lo va a haber.
Cada grupo en el que respondas tres síes o más cuenta como afirmativo. Con los números de esos grupos se forma tu clave: si son el segundo, el cuarto y el quinto, eres la 245.
Hay treinta y dos claves para ella y otras treinta y dos para él. Sesenta y cuatro retratos posibles, y solo uno es el tuyo.
Si dudas, contesta NO. Es lo que manda el libro, y el libro no admite discusión.
Siga estas indicaciones con cuidado. De ello depende que el retrato salga acertado.
«Escuche con atención nuestras preguntas y responda, sin vacilar, con un SÍ o con un NO.
Si no quiere usted contestar a una pregunta, ello equivaldrá a un NO. No trate de parecer inteligente ni de hacerse el interesante dando respuestas paradójicas. Diga sencillamente lo que piensa, con toda la sinceridad de que sea capaz.»
Contestando tú por ella, como creas que respondería. Luego podrás mandarle el retrato y ver si has acertado.
Escribe su nombre. Lo usaremos para el retrato y para el mensaje que le mandes.
Se queda en tu móvil. No lo guardamos en ningún sitio.
El examinador aguarda su respuesta.
Ante la duda, el libro añade: si la persona ofrece «alguna singularidad notable, un hombre de carácter débil, casi femenino; una mujer brusca y enérgica, de apariencia viril», puede probarse a invertir los cuestionarios.
Sí, en 1943 ya lo contemplaban.
Lo primero que se te pase por la cabeza.
Si dudas, contesta NO.